Hacer etiquetas es la tarea que más se repite en una tienda. Por cada pedido alguien copia una dirección en la web del transportista, elige un servicio, descarga un PDF y luego pega el número de seguimiento en el marketplace para que el pedido conste como enviado. Con veinte pedidos al día es una hora; con doscientos, una persona. Un dígito mal puesto en un código postal acaba en un paquete que vuelve y en un cliente que pregunta dónde está.
En Miross la etiqueta sale del pedido. Conectas tus transportistas una vez, con los datos de tu contrato, y escribes las reglas tal como las dirías: España sale con Correos Express, Alemania por debajo de 2 kg con GLS, los paquetes de más de 10 kg con DHL. Cuando un pedido está listo, la regla que le corresponde elige el transportista y el servicio, Miross pide la etiqueta al transportista y el PDF queda esperando para imprimir.
Los transportistas son los tuyos. GLS, Correos Express, Spring GDS, SEUR, MRW, DHL, UPS, DPD y los demás funcionan con el contrato que ya tienes, así que las tarifas que negociaste siguen igual y la factura de los portes te sigue llegando del transportista. Quien envía con Sendcloud o con otra plataforma de envíos conecta esa cuenta. En los dos casos, el número de seguimiento y el nombre del transportista vuelven a Amazon, al marketplace o a la tienda.
Lo que cambia en el día a día es que nadie hace etiquetas. Quien empaqueta abre la lista de pedidos por enviar, imprime etiquetas que ya existen y las pega. Una etiqueta equivocada se anula desde el pedido y se crea de nuevo. La recogida del transportista se pide desde la misma pantalla. El cliente recibe su seguimiento en el canal donde compró y, cuando escribe, quien le responde ve dónde está el paquete.