Las devoluciones son donde una tienda pierde tiempo sin darse cuenta. Un cliente escribe para preguntar cómo devolver algo, alguien responde con las condiciones, el cliente contesta con el número de pedido y alguien crea una etiqueta en la web del transportista y la manda por correo. Días después llega al almacén un paquete sin nota, y nadie sabe de quién es ni si ya se ha reembolsado. Cada paso es pequeño, y todos se hacen a mano.
Miross convierte ese intercambio en un flujo. Tu portal de devoluciones deja que el cliente abra la devolución por su cuenta: el pedido, el producto y el motivo. La etiqueta de devolución se crea con uno de los transportistas con los que ya envías, con tu contrato, y se envía al cliente. Cuando llega el paquete, quien lo recibe escanea la etiqueta con el móvil y la devolución queda como recibida en su pedido.
Una devolución pertenece a su pedido, así que todo lo que está unido al pedido se entera. Atención al cliente ve el estado de la devolución junto a la conversación y puede iniciar una desde un caso, con un clic que una persona confirma. El reembolso se hace desde Miross y se ejecuta en el canal. Una rectificativa anula la factura. El almacén devuelve la mercancía a su ubicación y el stock vuelve a cuadrar.
En el día a día, saber si una devolución ha llegado o si ya se ha reembolsado deja de exigir una búsqueda entre correos. La lista de devoluciones muestra cuáles están en camino, cuáles se han recibido y cuáles se han reembolsado. Como cada devolución guarda su motivo, al cabo de unos meses ves qué productos vuelven más y por qué: una talla que queda pequeña, una descripción que promete demasiado o un embalaje que se rompe.